Demandas por malos polvos

Demandas por malos polvos

Por María Ximena Pineda. ¿Por qué se divorcia la gente? ¿Infidelidad, plata, desamor, sexo? La respuesta correcta: “todas las anteriores”. Sin embargo, la razón más difícil de admitir y de enfrentar, es la ruptura por mal sexo; pan de cada día.

Durante nuestros primeros noviazgos de adolescentes, con las hormonas andando a mil, aprovechamos cualquier rincón, cualquier oportunidad para tirar: ascensores, carros, garajes, piscinas, residencias. No se nos pasa por la cabeza que algún día se nos acabe la pila en materia sexual. Al contrario, queremos copular como conejos. Vivimos calientes. Sacrificamos cualquier cosa por un polvo; bueno o malo, no importa.

El noviazgo es la medida perfecta para mantener el calor sexual. Por un lado, no tener un espacio constante para tirar lo hace emocionante, se presta para experimentar locaciones inimaginadas. Además, te puedes echar el polvo e irte a dormir tranquilo a tu casa, sin abrazos acalorados ni ronquidos que matan.

El matrimonio acaba con esa parte impredecible pues el “hogar dulce hogar” se vuelve la sala XXX, reduciendo el setting sexual a la cama doble. Pero bueno, eso es normal y modificable, lo difícil empieza cuando nos vamos conformando en la cama y las calenturas se pasan. Cuando empezamos a buscar excusas para esquivar los deberes conyugales. Cuando la rutina, el trabajo y los hijos le ganan los primeros puestos en la lista de prioridades al sexo. Parece que esto es irremediable.

Psiquiatras y Sexólogos coinciden en los picos sexuales de las parejas. Los hombres de 20 son insaciables, a los 30 están cansados. Las mujeres de 30 están cansadas, a los 40 son máquinas sexuales. El éxito de las parejas está, entonces, en sobrellevar esos des-tiempos de la mejor manera. Y es esta desincronización precisamente la latente causa de los divorcios modernos.

Los más prácticos suplen estos desencuentros buscando en la calle lo que no encuentran en la casa, y comen callados, volviendo como borregos prácticos en la noche a darle el beso de las buenas noches a la mujer y volteándose –satisfechos- hasta el otro día: “matrimonios felices”. Los demás buscan ayuda profesional, que generalmente es un pajazo mental porque el poco deseo sexual casi siempre es síntoma de incompatibilidad en la cama. En estos momentos es mejor admitir que todo terminó porque el deseo sexual muerto no se resucita ni con mariscos, ni con borojó, ni con cruceros por el Caribe.

Y qué complicado es admitir que todo se acabó por un mal polvo. Ninguno de los cónyuges quiere llevarse esa responsabilidad. El hombre dirá que la mujer le salió frígida. La mujer dirá que el tipo era mal polvo y que lo tenía chiquito. En realidad nunca sabemos a ciencia cierta qué fue lo que realmente le bajó la temperatura a las sábanas. Mejor no saberlo. Después de todo pronto llega otra pareja que nos recuerda la libido que teníamos a los 15 y todo vuelve a la normalidad.

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Cada vez más el mal sexo se vuelve causa de divorcio

Lo cierto es que cada vez más el mal sexo se vuelve causal de divorcio. Aunque el sexo no lo es todo en la vida sí es muy importante, reza la sabiduría popular. Y sí, la falta de empatía sexual puede ser triste y hasta trágica pero nunca un delito. Que uno pueda demandar al cónyuge por no producirle un orgasmo me parecía descabellado hasta que vi a un psicólogo que afirmaba que aquellas mujeres que no podían tener orgasmos eran mujeres que estaban siendo maltratadas y que podrían demandar a sus esposos arguyendo que les están violentando “su dignidad”. Incluso una diputada ecuatoriana propuso como proyecto de ley, hace pocos meses, la posibilidad de demandar a aquellos hombres que no “se ocupen” de los orgasmos de sus mujeres.

Ya bastante traumático es asumir el fracaso en la cama y en el matrimonio como para entablar demandas y poner abogados a que ventilen nuestras tragedias en juzgados de familia. Además, me parece cruel con los caballeros que no tienen por qué convertirse en delincuentes por un mal polvo. Si fuera por eso podría demandar a casi todos mis ex novios. Eso no es delito. Ni más faltaba.

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Hombres y mujeres debemos hacernos responsables de nuestros propios orgasmos.

Está bien que el fracaso sexual sea causal de divorcio. No lo discuto. Una vida en pareja con mal sexo es un infierno y no se lo deseo ni a mi peor enemigo. Pero jamás demandaría al causante de mis falsos orgasmos. Que no me hagan venir no me hace menos “digna” ni me hace una “víctima de maltrato”, como afirmaba aquel psicólogo de cuyo nombre no quiero acordarme. Si acaso, me hace una mejor actriz, digna de un Oscar.

Creo que a estas alturas, hombres y mujeres debemos hacernos responsables de nuestros propios orgasmos. Y si llegara a ser demandable la imposibilidad de proporcionarle un orgasmo a la mujer, que demanden también a las mujeres que no logran ponérsela dura a sus maridos. O todos en la cama o todos en el suelo.

Vía | Cartel Urbano

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